"FÁTIMA MIRANDA : UNA VOZ COMO LA DE TODOS"


Julio Estrada

La voz de Fátima Miranda es una voz como la de todos, si quisiéramos adentrarnos en intensas vivencias propias a través del canto, el habla y todos aquellos ruidos que son nuestra voz, sólo en espera de ser emitidos, de ser despertados en el sentido más amplio : el de entender la voz como la vía que nos conduce a arquetipos esenciales que son conocimiento del ser en tanto que verdades de la realidad vital. Si en general se compone guardando una cierta distancia con la materia sonora, a través del refinado uso de esa especie de cubiertos que son los instrumentos musicales o de recetas secretas de la escritura, en el caso de Fátima no ocurre así. Su proceso creativo parece darse directamente para ir desde el cuerpo mismo de las cuerdas vocales hasta la sublimación, un tránsito cuyo mayor riesgo exige abandonar todo aquello que encubre, como máscara, la desnudez indispensable del imaginario. El difícil ensayo de aproximación a los arcanos de la voz no sería aquí similar al acto depurado de acercamiento a universales musicales ; por el contrario, el proceso parece sumergirse dentro de una acción que revela un elemento profundo de identidad de las culturas latinas : creer en el mundo de las ideas sólo a condición de que éstas sean una realidad tangible. Así, se entiende que la música de Fátima Miranda proviene de experiencias que intentan alcanzar la verdad por la voz, como si esa materia sonora fuese el producto de una totalización. A diferencia de voces manipuladas por la tecnología de punta ---no conozco aún una que resista al acto heroico de un arte renovador que aspire a convertirse en voz---, la de Fátima no es sino el intento humano de oponerse a lo ajeno con la certeza de lo propio : virtud y fuerza. Si acaso nos es dado reconocer un elemento de identidad en el proceso de inmersión al nuevo canto, la búsqueda novedosa de Fátima Miranda no va acorde con la vetusta pretensión “europeista” de la música actual de su país ni tampoco con el desventajoso ensayo de imitar, borrosamente, la modernidad al Norte del nuestro. La voz de Fátima Miranda, próxima de aquel conocimiento del ser indispensable en música, se ha enriquecido de voces que, como el flamenco, los estilos del canto árabe o el arte del dhrupad de la India, la ligan a registros profundos de la antigüedad. Por eso, en el fondo de verdad, la voz de Fátima es una voz como la de todos.